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Mucho
y largo se podría hablar sobre este asunto.
El
maltrato es un tema de actualidad sobre el que se escriben ríos de tinta.
Aunque no por ello es un asunto novedoso, puesto que se viene realizando
desde hace demasiado tiempo ya.
Actualmente
el maltrato está contemplado como violencia doméstica, cuando se produce
entre miembros de una misma familia que están conviviendo en el mismo
domicilio, o violencia de género, cuando el mismo es realizado por el
hombre a la mujer, aunque ya no convivan juntos. En el primero de los
casos el asunto sería llevado al Juzgado de Guardia y en el segundo se
realizaría en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer.
Desde
nuestro equipo realizamos una encuesta**
con las siguientes preguntas:
(**Prueba a contestarlo
mientras lo lees. Anota las respuestas afirmativas que hayas dado, y tu
respuesta a la pregunta final)
Su pareja …………
1)
¿Le impide ver a la familia, o tener relaciones con amigos,
vecinos?
2)
¿Le quita el dinero que Ud. gana, o no le da lo suficiente
que necesita para mantenerse?
3)
¿Le insulta o amenaza?
4)
¿Decide las cosas que Ud. puede o no hacerse?
5)
¿Insiste en tener relaciones sexuales aunque sepa que usted
no tiene ganas?
6)
¿No tiene en cuenta las necesidades de Ud. (le deja el peor
sitio de la casa, lo peor de la comida…)?
7)
¿En ciertas ocasiones le produce miedo?
8)
¿Cuándo se enfada llega a empujar o golpear?
9)
¿Le dice que a dónde va a ir sin él (que no es capaz de
hacer nada por si sola)?
10)
¿Le dice que todas las cosas que hace están mal, que es
torpe?
11)
¿Ironiza o no valora sus creencias (ir a la iglesia votar a
algún partido, pertenecer a alguna organización)?
12)
¿No valora el trabajo que realiza?
13)
¿Delante de sus hijos dice cosas para no dejarle a Ud. en
buen lugar?
¿SE SIENTE MALTRATADO/A?
Resultó
sorprendente que pese a responder que sí a alguna de las preguntas,
ninguno de los entrevistados se sintiera maltratado, cuando las cuestiones
que se recogen son las que se realizan para saber si una persona puede ser
víctima de malostratos. También resultó sorprendente que fueran
mayoritariamente, en un 24,5%, los hombres, los
que respondían afirmativamente al menos a una de las preguntas,
frente a un 9% de mujeres.
Ante
estos resultados cabe preguntarse si en ocasiones se puede confundir una
discusión de pareja y convertirse la misma, de una forma subjetiva, en un
maltrato.
Si
tenemos en cuenta que se puede considerar maltrato psicológico el
ejercido por un hombre, el hecho de chillarle a mujer, como del mismo modo
el hecho de callarse y no responder ante su increpación, fina es la línea
que separa una discusión de pareja de un maltrato. Y los hombres cada vez
lo tienen más complicado a la hora de discutir con su pareja en términos
de igualdad.
Con
esto no queremos decir que no exista el maltrato en la pareja, ni restarle
importancia a las consecuencias del mismo, ni dejar de condenarlo. Lo que
queremos decir que ese maltrato no es exclusivo del hombre a la mujer,
porque también la mujer lo puede ejercer sobre el hombre. Evidentemente
vivimos en la cultura del “macho hispano”, el hombre ibérico que no
puede ir a denunciar que su mujer le insulte, que su mujer le controle,
que le obligue a realizar las tareas domésticas, que su mujer le
ridiculice ante sus amigos o familia, o incluso que su mujer le pegue,
porque “socialmente, no está bien visto”, es más incluso se podrían
reír de él. Sin embargo, vemos casos de hombres a los que se les acusa
de maltratadores porque reclaman la custodia compartida con su mujer, de
sus hijos. Vemos casos de hombres que son tratados como meros pagadores de
pensiones de alimentos para los hijos, y sobre los cuales no existe un régimen
equilibrado para los tiempos de estancias de sus hijos, o que incluso son
obligados por sentencia a verlos en puntos de encuentro, muchas veces con
visitas supervisadas. Del mismo modo vemos como mujeres son forzadas a
encargarse de la custodia exclusiva de los hijos porque el hombre no
quiere hacerse cargo de los menores, sean cuales sean las circunstancias
de las mismas, debiendo encargarse ellas solas del cuidado y educación de
los pequeños y no pudiendo rehacer sus vidas en condiciones, ni aun
cuando reclaman la responsabilidad legal del padre.
Para
conducir una motocicleta, un coche, se realiza un examen de capacitación,
sin embargo, cualquiera puede ser padre o madre.
Los
propios servicios psicosociales contemplan como práctica educativa
correcta el que a un menor se le dé un cachete. Si ese menor, fuera mujer
y tuviera 18 años, estaríamos hablando de violencia doméstica si fuera
su padre o madre, y violencia de género si fuera su pareja.
Del
mismo modo que no nos ponemos de acuerdo a la hora de condenar el maltrato
en función de la edad de la persona, tampoco lo hacemos a la hora de
condenarlo por el sexo.
La
lucha por la custodia de los hijos es el maltrato más habitual en pareja
en trámites de separación, convirtiéndose la obtención de la custodia
en la obtención del “título al mejor progenitor”, sin pensar que ese
maltrato no sólo perjudica a la ex pareja, sino también y en mayor
medida a los hijos.
El
maltrato en la pareja traspasa las barreras del tú y yo. Afecta en primer
lugar a los hijos de la misma, y también a las familias extensas.
Lo
primero que se debe realizar cuando las discusiones puedan convertirse en
maltrato es recurrir a profesionales para que nos ayuden a analizar la
situación de manera global. Desde nuestro despacho tratamos que sea la
propia persona implicada la que trate de averiguar cuál sería la
resolución a su problema. Muchas veces nos cuesta reconocer que podemos
estar equivocados y que no tenemos la razón, porque es una cualidad que
va unida al ser humano. Pensamos que si cambiamos de opinión estamos
siendo débiles. Y esto no es así, sino todo lo contrario. El ser capaces
de analizar la situación y, poder
reconocer nuestros errores y ser capaces de enmendarlos, nos hace crecer
como personas.
Si
la conclusión de vuestras reflexiones os lleva a la decisión de
abandonar la pareja, también os asesoremos sobre la mejor forma de
llevarlo a cabo, para que el sufrimiento de las partes sea el menor
posible. Trataremos de llegar entre todos a un consenso, tratando de
acercar las necesidades de las partes implicadas. Y sobre todo dando una
lección de educación a nuestros menores desde el ejemplo de sus
progenitores.
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